Tuesday, May 20, 2008

Importancia de la mujer egipcia y mesopotamica

Importancia de la mujer en las sociedades antiguas de Egipto y Mesopotamia.

Como muy bien lo dice George Duby en su extenso trabajo de la “Historia de la mujer en la Antigüedad”[1], a lo largo de los siglos y en las distintas civilizaciones antiguas, la mujer ha sido percibida y vista según los criterios masculinos del momento por lo tanto, el estudio que se ha realizado y se realice sobre la importancia y el papel de la mujer en las sociedades antiguas tiende no sólo a ser reduccionista, sino también a mantener cierto criterio parcializado que muy difícilmente permite ver la objetividad de la realidad de aquellos momentos. Sabiendo que en el estudio histórico la verdadera realidad es una simple ficción de los historiadores, lo que se pretende en este trabajo comparativo, no es sólo dilucidar a través de las diferentes fuentes iconográficas y textuales la importancia tanto de la mujer egipcia como mesopotámica, sino también crear una mirada diferente frente a la mujer antigua.

Asimismo, el trabajo comparativo profundizará cuatro temas distintos (jurídico, religioso, socio-político y sexual) relacionados con la mujer, para ampliar no sólo nuestra visión frente al tema, sino también para exponer nuevas preguntas que inquieten al lector. De esta manera, el estudio de la mujer egipcia y mesopotámica se hace fundamental, ya que nos permite observar dos caras de la misma moneda. Para comenzar, se hace necesario hacer unas cuantas preguntas que estructuraran el trabajo; primero ¿La importancia de la mujer antigua radicaba en su ser sexual?, segundo ¿si la mujer era principio de naturaleza podría convertirse en fin cultural?, tercero ¿ se podría entender el origen de las prostitutas como mecanismo social de colectivización ? y cuarto, ¿ cuáles podrían ser las principales causas del refinamiento de la mujer?.

La mujer egipcia se ha convertido en el máximo exponente de la autonomía femenina en la mayoría de las sociedades de la antigüedad, cabe destacar, que a comparación de las mujeres contemporáneas de Grecia, Roma y en especial Mesopotamia, las egipcias vivían con cierta libertad, respeto y libre albedrío que la convertía de alguna u otra manera en el igual del hombre. Pero es preciso aclarar, que la importancia y la funcionalidad de la mujer en la sociedad egipcia no derivaban de un régimen matriarcal, todo lo contrario, prevalecía la voluntad y obediencia hacia el hombre. Al igual que la mujer egipcia, las mesopotámicas tuvieron oportunidades jurídicas que le permitían mantener cierto control dentro de su vida.

En Egipto antiguo a la mujer se le reconocía todas las prerrogativas de las que gozaba el hombre[2], podía divorciarse, heredar, culpar, juzgar, etc., tenía la oportunidad de ejercer sus derechos cumpliendo los requisitos que se le exigían. Antes de mencionar las exigencias, es importante tener en cuenta, que la posición de la mujer egipcia al igual que la mesopotámica variaba entre ciudades, sector social y cambiaba a lo largo de los años por lo tanto, los requisitos que se le exigían iban modificándose de acuerdo a las leyes imperantes. Por ejemplo, durante el reinado Sumerio, las mujeres aunque tenían la función de procrear, tenían mejores posibilidades jurídicas y sociales que durante el reinado de los Acadios.

Al igual que las mujeres de la elite egipcia, quienes obtenían grandes beneficios por su status como la posesión de bienes, herencias, contratos de propiedad, independencia económica, etc., las mesopotámicas tenían privilegios que sólo podían disfrutar si pertenecían a la pequeña elite, estas mujeres sabían leer, escribir, coser, pintar y hasta cierto punto algunas podían ejercer poder administrativo. Aunque debemos destacar que la posición jurídica de la mujer egipcia de la elite fue mucho más equivalente al de los hombres, la mujer mesopotámica tuvo privilegios y leyes que la protegían. Para el gobierno de Hammurabi, se decretaron diferentes leyes que no sólo castigaban a los hombres, sino también a las mujeres promiscuas y mentirosas, so pena de muerte. No obstante, es importante destacar que estas leyes no llegaron a ser tan radicales y exigentes como se hubiera esperado. Gracias a la estabilidad del régimen económico de Egipto basado en la redistribución, la participación y contribución de la mujer tanto de la elite como del pueblo, fue mucho más visible que en Mesopotamia, la mujer egipcia mantenía su autonomía económica sin representación alguna y tuvo la oportunidad de heredar, a comparación de la mujer mesopotámica, quien vivió bajo los mandatos y criterios de su padre o esposo.

La mayoría de los ingresos de una egipcia no sólo se adquirían gracias al trabajo, sino también por la herencia de su padre o por el divorcio por lo tanto, es preciso decir que legalmente la mujer estaba amparada, lo cual significaba protección y seguridad dentro de aquella sociedad. La mujer egipcia en especial la de la elite, mantenía cierta autonomía tanto social como económica que le permitía tener un papel mucho más evidente dentro de la comunidad, contrario al papel de la mujer mesopotámica, quien era vista como fuente de naturaleza y placer. Fue gracias a esta percepción, que los estandartes de la sociedad antigua se implantaron bajo el espacio de lo religioso y sexual, dándole gran importancia no sólo por despertar conciencias, sino también por manipularlas.

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Mujer de caza Busto de mujer mesopotámica.

La importancia de la fertilidad y del placer sexual fue evidente dentro de las sociedades antiguas, quienes tomaron medidas y estrategias para disfrutar de aquellos goces. De esta manera, la prostitución sagrada como ritual sacro destinado a venerar a la diosa Ishtar, quien era la diosa del amor carnal, del deseo sexual y de las relaciones extramaritales, fue netamente primordial para la constitución de la colectividad mesopotámica y del lenguaje corporal. En Babilonia el matrimonio era un contrato destinado a perpetuar a la familia, quien a su vez, era sostén del estado y generadora de riquezas por tal razón, las relaciones extramaritales no era mal vistas ni juzgadas. Todo hombre debería tener su primera relación sexual con las sacerdotisas de Ishtar, quienes lo iniciaban no sólo en la actividad sexual, sino también en el espacio social de la colectividad babilónica.

Las prostitutas sagradas constituían un fuerte poder religioso y social, que mantenía el equilibrio, el orden y la armonía dentro de la sociedad, ya que tenían el poder de instruir, enseñar y sobre todo culturizar a sus “clientes”. Los beneficios culturales que las prostitutas ofrecían no sólo por ser el centro de las artes menores, sino también por ser las receptoras de cuantiosa información, fueron enormes. La búsqueda inconciente de la armonía a través del placer sexual, conllevó a una alteridad, que permitió que la relación interpersonal y sobre todo con el cuerpo fuese colectiva y socializada. “La prostitución de origen religioso permite destacar que más allá del individualismo existe, más o menos afirmado, un cuerpo colectivo”.[5]

Según W. Benjamín, el equilibrio cósmico y el de la sociedad se cimentaban bajo el papel de las prostitutas sagradas, quienes indiscutiblemente colectivizaron el cuerpo y sexualizaron lo que era espiritual.[6] Debido a la circulación del sexo con fines religiosos, la iniciación a la vida colectiva y el impulso a la conversación o charla, produjo que la prostitución fuera cívica y le diera sentido a la sociedad, otorgándole una amplia esfera de refinamiento cultural. “La prostitución hace presente lo que el cuerpo propio le debe al cuerpo colectivo: su existencia”[7]

Como muy bien se puede observar en los anteriores párrafos, la importancia tanto de la sexualidad como de la religión no sólo deriva por ser elementos complementarios e interrelacionados, sino también por ser espacios de colectivización, donde se crean nuevos sentidos y formas de lo que es ético y de lo que es bello. Aunque la prostitución sagrada tiene muchísimas más fuentes en Mesopotamia y en Grecia, Egipto innegablemente experimentó un espacio sexual constantemente representado en sus amuletos, esculturas, pinturas, etc. Si bien es cierto que el sexo es importante por ser la única manera de procrear, para los egipcios éste tenía múltiples funciones; la principal era su realidad fundamental, la compra del vientre femenino. La segunda era su objetivo erótico, el cual representado en diferentes poses sexuales, proporciones enormes del miembro masculino y en posiciones provocativas de la mujer, expresaban claramente un deseo y placer sexual ligado a la naturaleza del ser humano. Y tercero, es una función netamente ritual, donde todo acto sexual se realiza con base ritual.

La importancia de estas representaciones sexuales se basa en su persistente énfasis en la fertilidad de la mujer sin olvidar su simple función iconográfica, enseñar. Tanto en Mesopotamia como en Egipto, la relación entre religión y sexo va constantemente ligada a la socialización del culto y al manejo del cuerpo, el cual está atado a lo que es ético. Mientras el acto sexual se privatizaba, la religión junto con sus diferentes estrategias como la prostitución sagrada, lo convertía en un acto colectivo donde la socialización por medio de la charla permitía mantener un control social. De esta manera, la religión se convierte en soporte del sexo y viceversa, constituyendo el columna cultural de la sociedad antigua.

Muy ligado a la sexualidad en la antigüedad, es importante destacar la concepción de belleza que se tenía en aquel momento, para los mesopotámicos la belleza era leída a través de la grandeza de las caderas de sus mujeres, ya que esto representaba fertilidad, para los egipcios aunque la fertilidad era fundamental, el cuidado del cuerpo, del cabello y del rostro no sólo inspiraba placer, sino también marcaba el status social de la mujer. Debido a sus constantes y evolucionados cuidados corporales, los egipcios de la elite se convirtieron en las iniciadoras del maquillaje y de la depilación, tanto hombres como mujeres cuidaban sus piernas, su piel, su rostro, su vestimenta y llegaron a crear deliciosos perfumes y ungüentos para sus necesidades diarias.

La idealización de la mujer de la elite egipcia se basó en la belleza y delgadez de sus piernas largas, en sus cabelleras negras, su cintura estrecha y sus senos firmes, algo totalmente distinto en los mesopotámicos, quienes vieron en la robustez y senos bastantes grandes el ideal de belleza de sus mujeres.

El papel social de la mujer variaba entre sociedades y status, la importancia de la misma radicaba más que todo en su capacidad reproductiva como muy bien lo dice J.P Vernant, pero las mujeres de la elite mantenían ciertos privilegios, a parte de su papel fecundativo, que las campesinas no tenían. Las funciones y las responsabilidades de las mujeres venían dadas por la costumbre y tradición. Por un lado, las mujeres campesinas mesopotámicas tenían que trabajar la tierra, cuidar la casa, a los animales y a los niños, mientras sus esposos comerciaban e iban a la ciudad; por el otro, las mujeres de la elite también tenían que cuidar y controlar sus casas, pero tenían la oportunidad de adquirir un puesto en el gobierno, en el comercio, como sacerdotisa o dentro de los estamentos militares.

Cabe aclarar que a comparación de las mujeres mesopotámicas de la elite, quienes eran representadas por sus esposos y padres; las mujeres egipcias podían tener puestos políticos de alto rango, ser comerciantes, sacerdotisas, agricultoras, tejedoras sin ninguna representación masculina, esto se demuestra claramente en el papel tanto religioso como político que desempeño las mujeres de la familia real, en especial las faraonas. Ya desde la I Dinastía podemos comprobar, sea por el número de tumbas de las Señoras de Palacio, sea, sobre todo, por los restos que se conservan de las importantes sepulturas de las reinas, la particular importancia del papel que representaba la soberana, cuya posición se mantuvo e incluso cobró más importancia todavía durante la historia de Egipto. [8]

La importancia de la Señora del Palacio no sólo radicaba por ser la fuente por donde se transmitía la sangre real, sino también por ser la heredera del faraón, esto le permitió tener privilegios jurídicos y salvaguardar su herencia a través del incesto. “De este modo, el faraón, sea quien sea, se convertirá por medio de su madre, a la que eligió el dios, en el heredero del demiurgo”[9]. Esto demuestra claramente, que a comparación de la elite mesopotámica, la reina egipcia no sólo era considerada una divinidad, sino también un sujeto fundamental en la política del reino. La madre del faraón representaba un papel importantísimo, ya que ejercía una fuerte influencia sobre su hijo y porque después de la muerte de su padre, ella se encargaría de la regencia mientras su hijo crecía. En pocas palabras, las mujeres de la familia real, desempeñaban una labor esencial tanto en la cultura del palacio como en la política del reino, ya que influenciaban las decisiones del faraón.

Pero es fundamental recordar que la función de la mujer en la antigüedad era netamente reproductiva, sólo las pertenecientes a la elite desempeñaban otras funciones a parte de ser madres. Tanto las campesinas mesopotámicas como las egipcias debían de trabajar bajo los parámetros masculinos, sin olvidar, que aquellas mujeres fueron fundamentales en el control económico de sus respectivas casas. Antes de finalizar el artículo sobre las mujeres en la antigüedad, es importante resaltar el carácter colectivo de las sociedades, es decir, que las relaciones que se construían cobraban sentido no con el individuo, sino que remitían a la comunidad, donde se intercambiaban vínculos y se fabricaban lazos sociales basados en pasiones comunes, como el hambre o la colectivización del placer.

En pocas palabras, las mujeres tanto de la elite como las campesinas eran bienes colectivos cuyo fin principal era mantener la raza humana, aunque innegablemente, participaron en diferentes aspectos cotidianos como en la política y en la economía, las mujeres eran concebidas y vistas como sujetos pasivos que necesitaban de la asistencia de los hombres para mantener su papel dentro de la sociedad.

Conclusiones

Como se dijo anteriormente y sin ser repetitivos, las mujeres fueron pensadas como sujetos pasivos creados para procrear, pero gracias a las distintas fuentes tanto iconográficas como textuales, nos hemos podido dar cuenta, que las mujeres jugaron un papel importantísimo dentro de sus comunidades. A comparación de las mujeres mesopotámicas, representadas jurídicamente por sus padres y esposos, las mujeres egipcias disfrutaron de autonomía jurídica y económica, que les permitió mantener una equivalencia al del hombre y realizar actividades tradicionalmente masculinas. Sin embargo, es importante resaltar que Egipto no era una sociedad matriarcal, ya que prevalecía la voluntad y obediencia al hombre.

En cuanto al ámbito religioso orgánicamente ligado al sexual, es necesario destacar que tanto en Egipto como en Mesopotamia, las mujeres jugaron un trascendental papel, ya que crearon nuevas espacios para la socialización y la colectivización del cuerpo. En pocas palabras, los escenarios creados por estas mujeres, permitieron implantar un cuerpo colectivo basado en el placer sexual con fines religiosos, que llegó a mantener un equilibrio armonioso dentro de la sociedad. Los hombres eran iniciados por estas mujeres en la vida colectiva, donde la cultura y la socialización eran los fines inconcientes a llegar.

Por otro lado, es importante destacar el papel socio-político que jugó la mujer dentro de aquellas comunidades. En Egipto, las mujeres en especial las pertenecientes a la Casa Real, podían desempeñar trabajos burocráticos y militares de gran categoría. Aunque su “verdadera” función era ser madres con excepción de las sacerdotisas, las mujeres egipcias de la elite jugaron un papel valioso dentro de la política de las dinastías además de ser las portadoras de la cultura y de las artes menores. En cuanto a las mujeres de la elite mesopotámica, se puede indicar, que éstas aunque trabajaban como comerciantes y dentro del gobierno, no desempeñaron el mismo papel que las mujeres egipcias, más bien se podría decir que fue un tanto menor su participación.

En pocas palabras, creemos que el valor de la mujer tanto egipcia como mesopotámica no radicaba en su función política o religiosa, más bien residía en su función reproductiva. Aunque no queremos desestimar su papel dentro del ámbito político, económico y religioso, es importante destacar que en aquellos tiempos la importancia de la vida y de la continuidad, pasaba a manos de la mujer. Gracias al trabajo comparativo, pudimos darnos cuenta, que existieron valiosas diferencias en cuanto al trato que recibió la mujer en la antigüedad. Mientras que en Egipto, la mujer disfrutaba de cierta autonomía, la mujer en Mesopotamia tenía que vivir bajo la representación de su padre o esposo, además es importante destacar, que la religión y la cultura se enriquecieron por los aportes que proporcionaron las mujeres.

Gracias a la visión que tuvo Egipto sobre la mujer, creemos que la utilización y la función de la misma dentro de su comunidad, aportó al crecimiento y desarrollo de la civilización. La mujer independiente y dignificada puedo realizar más contribuciones a su comunidad que una mujer sometida por un régimen patriarcal. En conclusión, podemos decir, que la mujer egipcia pudo ayudar más al crecimiento de su sociedad que la mujer mesopotámica, por el simple hecho, de disfrutar una cierta autonomía económica.
Creemos que aunque la mujer en aquellos tiempos era considerada un sujeto pasivo, las mujeres concientemente sabían de su importancia dentro de la comunidad, ya que participaron en la economía familiar, en la política, en la religión, en las artes y sobre todo crearon nuevos espacios para la colectivización del saber y la socialización del cuerpo, bases fundamentales para la formación de una comunidad. En pocas palabras, el papel de las mujeres en la antigüedad residía en su vientre y en su capacidad de sobrevivir bajo un mundo masculino.


Fuentes consultadas.

• ANÓNIMO. (s.f.). Ancient Tablets, Ancient Graves: Accessing Women's Lives in Mesopotamia.
Recuperado de http://www.womeninworldhistory.com/lesson2.html

• BRITO STELLING, María Isabel. (s.f.). La prostitución sagrada en la cultura Babilónica y la pervivencia de ésta práctica en Corinto, a través de Canaan y Chipre. Recuperado de http://www.kalathos.com/may2000/prostitucion.html

• CIFUENTES, David. (2003). La epopeya de Gilgamesh y la definición de los límites humanos.
Recuperado de http://www.lacavernadeplaton.com/histofilobis/gilgamesh.html

• FATÁS, G. (s.f.). Grupos sociales e institución familiar en Mesopotamia.
Recuperado de http://155.210.60.15/HAnt/POA/sociedadmesop.html

• MAFFESOLI, Michel. (1990). La prostitución como forma de socialidad.
Recuperado de http://www.nuso.org/upload/articulos/1922_1.pdf

• RIVERO, P. (s.f.). Fuentes para el estudio de la situación jurídica de la mujer en Mesopotamia durante el segundo milenio a.C.
Recuperado de http://155.210.60.15/hant/Fuentes/mujmesop.html

• DESROCHES, Ch. (1999). La reina y su contexto. En La mujer en tiempos de los faraones. Pp. (33 – 44, 177-202).

• LLAGOSTERA, E. (2005). La importancia socio – política de la mujer en el Antiguo Egipto. Recuperado de http://www.egiptologia.com/content/view/360/42/

• OGDÓN, J.R. (2002). Apuntes sobre las Erotica Aegyptica y la sexualidad en el Antiguo Egipto. Recuperado de http://www.egiptologia.com/content/view/369/42/

• WARD, W. (1995). The Egyptian Economy and Non-royal Women: Their Status in Public Life. Recuperado de http://www.stoa.org/diotima/essays/wardlect.shtml

· QUIRKE. S. La mujer en el antiguo Egipto.
Recuperado de http://www.analitica.com/art/1999.06/leer/00001.asp

· DUBY. G. Historia de la mujer en la Antigüedad. Editorial Taurus, Madrid, año 200, I Volumen, pp. (47-85)



[1] DUBY. G. Historia de la mujer en la Antigüedad. Editorial Taurus, Madrid, año 200, I Volumen, Introducción
[2] LLAGOSTERA, E. (2005). La importancia socio – política de la mujer en el Antiguo Egipto. Recuperado de http://www.egiptologia.com/content/view/360/42/
[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Pla%C3%B1ideras
[4] http://encontrarte.aporrea.org/imagenes/9/Cabeza-de-mujer.jpg
[5] MAFFESOLI, Michel. (1990). La prostitución como forma de socialidad.
Recuperado de http://www.nuso.org/upload/articulos/1922_1.pdf
[6] MAFFESOLI
[7] MAFFESOLI
[8] DESROCHES, Ch. (1999). La reina y su contexto. En La mujer en tiempos de los faraones. P 33
[9] DESROCHES. P 38

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